
S.21. LOS PROLEGOMENOS DEL HUMANISMO DIGITAL S.21. THE PROLOGUES OF THE DIGITAL HUMANISM |
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Si lo prefieres, antes de descargar en tu disco duro el documento completo del libro, echa un vistazo al Prólogo y a los diversos capítulos que expongo más abajo, extraídos todos de los dos grandes bloques metodológicos que sustentan la estructura argumental de la obra.
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INDICE Bloque I 1. El maná tecnológico. Breve bestiario sobre cualidades del animal humano Bloque II 1. NASDAQ y arquitectura. Tus ruinas son mis cimientos
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PROLOGO
Siempre he sido de esas personas que cada cierto tiempo cesan su actividad cotidiana para poner en orden las páginas donde fueron impresos cantidad de matices vitales, a veces, forjados con la torpe sabiduría que nos confiere la edad. Aún recuerdo con cierto placer aquella noche cuando, sentado delante de una considerable columna de folios, decidí poner coto a mi tortuosa época de doctorando. Se acabó, ni investigaba, ni escribía más. La tesis yacía sobre el cristal y de ahí a su templo, la universidad. ¿Secuelas?. Las conocidas por todos los que alguna vez fueron presa del engendro académico. Uno acaba siendo doctor en disciplinas del conocimiento que, aunque alejadas del escalpelo médico, demandan facultativos capaces de curar con arsénico la vulgar dolencia que otros convirtieron en metástasis. Gracias a la providencia se acordó lo del “Ph”. Siglas que, si bien atienden a una terminología igualmente biológica, unidas a la “D”, “PhD”, nos eximen de delicadas actividades sanitarias. Pues bien, trasladada mi ocupación al campo de la crítica -o crónica escrita- de aquellas áreas que decidieron subirse al estirado tren que recorre los fértiles campos de cultivo donde germina la doctrina informática, llegó ese preciso y precioso momento en que observo como en mi disco duro acumulo una lista de artículos que convenientemente conjuntados bien podría ser la “opera tercia” del que les habla. Pequeños ensayos, que he repartido en dos grandes bloques (el primero, conjugando materias adyacentes al estadio de la comunicación; el segundo, departiendo sobre disciplinas envueltas en prácticas artísticas y científicas), cuyo contenido converge siempre en un denominador común: el empirismo digital como fuente que vierte sus aguas sobre destrezas acogidas a diligencias creativas de orden humanista. De este modo, disciplinas tan diversas como la emergente Internet, las artes plásticas, cinematográficas,... la literatura, el diseño, la arquitectura o la contemporánea Realidad Virtual, entre otras, se ven involucradas en el guión de una obra concebida para ser analizada, por una parte desde el más objetivo dictamen referente a la tecnificación -en muchos casos impuesta- de las costumbres, y por otra desde la imperiosa necesidad de implicarnos en los nuevos roles tecnológicos que una sociedad tan sofisticada como la actual ofrece a la mayor parte de sus congéneres. ¿El resultado?. Prolongadas horas repiqueteando el teclado, para intentar explicar porqué el instrumento que tan eficazmente me sirve de vehículo difusor ha recalado en el alma creadora, productiva, de medio mundo; revelándose como peligroso artefacto arrojadizo en manos de la otra mitad. Y todo gracias a la paridad existente entre dos mágicos números, el uno y el cero, capaces de convertir en fenómeno sociológico cualquier entelequia que reclame como aliada a la susodicha correspondencia binaria. Ahora, hablamos de Internet en el cosmos de la información, de los videojuegos en el terreno del ocio, de la Realidad Virtual y la Aumentada como sistemática idónea para materializar una realidad sensorial simulada, de los e-Book en la esfera cultural que aboga por la lectura no imperiosamente de seguimiento lineal,... mañana, surgirán inéditas áreas con avanzadas aplicaciones que harán añejo nuestro actual discurso. Si es cierta y aceptada por todos, esa temerosa, por desconocida, máxima que indica que la ciencia camina cincuenta años por delante del saber desplegado por la universal masa social, asumamos también con firme carácter de compromiso el aforismo de Giulio C. Argán que, extraído del ámbito artístico, nos invita a participar en el proceso que regula los entresijos de la vigente componenda digital: La supervivencia del arte en el mundo del mañana, sea el que sea, sólo depende del proyecto que el arte de hoy hace para el arte de mañana.
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BLOQUE I S.21. LOS PROLEGOMENOS DEL HUMANISMO DIGITAL EN LAS DISCIPLINAS DE LA COMUNICACION
EL MANA TECNOLÓGICO
Es bien sabido por aquellos que habitamos este dispar mundo que los recursos tecnológicos no llegan a todos los rincones del orbe en la misma cantidad, forma y/o condición. Por desgracia, estamos perfectamente acostumbrados a encender nuestro televisor y encadenar esa secuencia de noticias que por irracional y anacrónica se convierte en preocupante. A la imagen del niño de la guerra africano, que abraza con espeluznante firmeza retadora su maltrecho pero poderoso fusil kalashnikov (instrumento “tecnológico” siniestramente heredado de la extinta URSS durante sus años de hegemonía bélica), le sigue la del tierno infante sonrosado europeo “atacando” sabiamente el teclado del potente ordenador que le reporta al mismo tiempo cultura y ocio, o dicho de otro modo, bienestar...; minutos después, vuelta a empezar: un desnutrido negrito trazando líneas sobre la reseca arena desértica con una rama que hace las veces de útil de escritura -previsiblemente, hasta de sustento alimenticio-, y a continuación el niño residente en el hemisferio “amable” conversando distendidamente con sus conocidos a través de un diminuto teléfono móvil de última generación. Y todo esto en la actual sociedad regida por la “bienhechora” globalización, los movimientos opuestos a ésta (unos, portadores de discurso, otros, de tecnología pétrea arrojadiza) y los malabaristas de la, con perdón, porra -electrónica-,... por la irritante competición armamentística que vaticina escudos antimisiles para los de siempre y desvalija las maltrechas arcas de países donde el lujo no es la tecnología sino el mero hecho de abrir un grifo y que de éste mane agua,... por los regímenes que en nombre y para gloria de “nosequien” imponen su dictadura en contra de la técnica y, lo que es más grave, de lo humano,... Una era confeccionada a medida de la casaca que portan esos cuatro “ficticios” jinetes del Apocalipsis, actualizados a la más cruda realidad desde los “sanjuanísticos” relatos bíblicos. Eso sí, cabalgando siempre sobre los mismos territorios, en aquellos lugares donde el semiconductor silicio que esculpe el organismo de nuestras máquinas se muestra en su más abrupta realidad material, es decir, como uno de los elementos más abundantes que genera la tierra. Parajes inhóspitos, en los que la cámara de virtuosos de la instantánea, como el brasileño Sebastião Salgado, galantea primorosamente -triste paradoja- con la miseria que cerca el hábitat laboral y humano de los extractores del cristal de cuarzo; ese oro, de potencial cualidad lógica binaria, indispensable para engarzar cada una de las piezas que componen la reliquia electrónica por excelencia, la computadora. Visionarios Nam June Paik, artista de origen coreano que acuñase en 1974 el concepto de “autopista electrónica” y considerado como el padre del videoarte, afirmaba hace unos años que hacia el año 2010 tendremos por lo menos un premio Nobel de literatura que no habrá publicado todavía un solo libro. Todos los sueños de los autores de poesía concreta y el libro no-lineal de Marshall McLuhan se realizarán muy baratos [...] Asistiremos al nacimiento de la literatura sin libros y del poema sin papel [...] Podremos poseer todos los libros de la Biblioteca de Nueva York y, durante nuestro tiempo de ocio, tendremos el hábito de leer de forma arbitraria [...] Cuando hagamos un largometraje acabará de diversas maneras y los lectores podrán seleccionar su propio final [...] Aunque también nos podríamos preguntar ¿tendremos verdadera necesidad de toda esa información?. Tal vez, deberíamos hacernos eco de esa misma pregunta, extrapolando su propuesta al vigente proceder mecanicista que nos induce a ejercer actuaciones arbitradas casi únicamente a través de dispositivos computerizados. Algunas de estas actividades, las derivadas básicamente de procesos industriales, como pueda ser la manufactura, articulación y montaje seriado de piezas, sólo viables -por razón de costes económicos y de plazo de ejecución- mediante rutinas tecnológicas; otras, orientadas a destrezas más creativas, como son las aportadas por Paik en la anterior cita, debieran aceptar en su expediente metodológico los roles intelectuales humanos sin que medie ineludiblemente el artificio electrónico. En la era de las grandes computadoras e Internet no corresponde potenciar exclusiva y unilateralmente la psique de la máquina, cediéndole parte de las cualidades innatas depositadas por natura en los hemisferios o lóbulos cerebrales del hombre. Mal indicio si atisbásemos ese día en que la humanidad necesite de “robocops” para salvaguardar la integridad de la comunidad. Llegado ese momento, si es que ha de llegar, juguemos nuestra baza con los agentes antidisturbios genoveses; aunque de carne y hueso -y mediada la reserva de materia gris-, tan irreflexivos algunos de ellos como el personaje concebido en la década de los ´80 por el cineasta Paul Verhoeven. Para finiquitar tumultuosamente el asunto, restaría, sin más, transferir a la unidad pensante de la máquina el sentimiento de solidaridad hacia su progenitor, hacia la raza humana. Ya lo veo: compartimentos herméticos de metal, alojando células activas que calientan las regiones cerebrales del autómata cuando los ojos de éste (para mayor honra suya y desgracia nuestra, desprovistos de cualquier estigma de miopía o astigmatismo) contemplan signos de marginalidad humana. Terrorífico,... el expresionista Gabinete del Doctor Caligary, de Wiene, abierto casi un siglo después a genetistas tecnológicos. Seguimos en la Luna Estamos hartos de oír la cantinela que declama como el hombre deja a un lado los problemas que acucian a sus congéneres más cercanos, empleando descomunales sumas de dinero, por ejemplo, en la conquista de recónditos parajes situados en astros tan lejanos como la Luna. Una Luna, que, antes de su definitivo descubrimiento, era presa de la industria cinematográfica la cual nos mostraba el lado más enfurecido del satélite terráqueo tras ser ensartado uno de sus ojos por un escuchimizado cohete de cartón-piedra, propulsado desde un cañón en un preclaro acto de chapucera colonización humana. Bastantes décadas después de aparecer impresa sobre celuloide esta fantástica -por maravillosa y por imaginaria- película dirigida por el francés Georges Méliès cuyo título, Viaje a la Luna (1902), era significativo del hecho que acontecería antes de superar la barrera del S.XX, la esfera lunar sufre en sus áridas carnes la frenética actividad tecnológica personificada en la huella de Armstrong, grabada por igual en tierra y video. Su frase, es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para toda la Humanidad, lanzada cual estrambótico show-man o profeta televisivo al tiempo que pisaba la polvorienta superficie, refleja ya hacia donde se encaminaba la cada vez más estamentalmente endogámica prosperidad social tanto a nivel humano como tecnológico. Las misiones de sondeo lunar tripulado acogidas al distintivo Apolo dejaron un evidente recelo en el otro gran contendiente partícipe en la pugna aeroespacial, en la Unión Soviética de Brezhnev y las Soyuz. Desazón parecida a la que reconcome las entrañas del ciudadano de a pie que ve como sus estipendios van a parar a muchos miles de kilómetros de sus hogares, en concepto de progreso o expansión -digamos- antropológica; promoviendo una actividad que, disfrazada con el cansino enunciado que proclama la búsqueda de vida en otros planetas, mueve desarrollos tecnológicos de proporciones administrativas no siempre bien gestionadas. Cabe, por tanto, esgrimiendo una disciplina tan humanista y a la vez biológica como la que examina el comportamiento del individuo, la antropología, ver su verdadera cara empírica; esa que analiza la “high-technology” adherida al espécimen sapiens por convenio de nacimiento. Para muestra, un botón: Pídele una sonrisa a uno de los tantos epicúreos modelos que venden su lineal fisonomía a la causa estética y te devolverá una efectiva -aunque fingida- elevación del rictus facial. Solicita tal gesto a uno de los incontables niños del tercer, cuarto o quinto mundo (¿quién sabe por dónde va la cuenta?) que ceden su maltrecha estampa a la causa mediática, y sus abultados ojos, obturados por revividas iconografías holocaústicas, te retratarán como si su retina acaudalase los bienes mecánicos capaces de dibujar lo que no acostumbran ver. Seguramente, un famélico párvulo criado en el Indostán utilizaría similares trazos sintéticos para esbozar una figura recreada en su mente, a los que manejaría un instruido niño noruego. Es la magia de lo espontáneo, de la tecnología psicosomática que inherentemente atesora el ser humano.
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GENESIS DEL TERCER MILENIO
La historia habla Baldías esperanzas las de aquel inicio de año 2000 cuando todos creímos ver en ese vaivén de números que hipotéticamente crisparía nuestros dispositivos electrónicos (el temido Y2K) un atisbo de la fatalidad que se nos venía encima. Las considerables sumas de dinero invertidas por corporaciones ávidas de defender sus bienes más preciados preservados al amparo de la guarísmica informática, sumadas a un reajuste de ese popular axioma que habla de ruido y nueces, hizo que todo quedase en agua de borrajas: el aparato de vídeo siguió programando correctamente, la máquina registradora contabilizó de manera adecuada y el adolescente ordenador prolongó su reinado sobre el escritorio, sin necesidad de abdicar en favor de un nuevo regente. Franqueado, por tanto, aquel primer escollo con empaque torero, un año despues, como si se tratase de una malévola premonición, parece que tenga que sobrevenir algún gran -y casi siempre dramático- acontecimiento para hacer consciente al habitante terráqueo del paso a una nueva era. Si hace mil años fue la enfermedad de la peste que asoló una extensa franja del Viejo Continente una de las indicaciones esgrimidas para ayudar a girar las manillas del reloj, en esta ocasión el mecanismo temporal de cuño digital señala como origen la hecatombe trasladada al más nuevo de los continentes y a la más “poderosa” de las naciones que pueblan el orbe, Estados Unidos. El ataque terrorista, con un firme y “ladino” personaje encabezando la lista de “presuntos”, contra dos de los principales estandartes financieros y militares en la patria de las “barras y estrellas”, las Torres Gemelas del WTC (New York City) y el Pentágono (Washington D.C.) y por extensión contra el amplio segmento de género humano que anhela la conviencia en paz entre opuestos súbditos de ese “opio inmaterial” que es la religión, supone un considerable varapalo a la armonía mundial, tanto a nivel ideológico como político, económico y social. Metidos por alusión en materia castrense, podríamos entrar en el debate que nos descubre una larga lista de conflictos bélicos de encolerizada periodicidad, cuya repercusión sólo atrae a los propios contendientes que se guantean mañana, tarde y noche; pasando temporalmente desapercibidas sus cruentas bofetadas en el resto del mundo. Con este genérico y despiadado símil, trazaríamos una raya en el océano para significar la importancia humana de la catástrofe que en este momento asola Norteamérica; si bien, no es este el eje sobre el que gira nuestro sumario. Los medios Es lamentable advertir como en una sociedad tan sólidamente mediatizada como la actual prima la desgracia,... la adversidad, capturada en su medio natural y revelada tal cual. Tanto es así, que se hace casi indispensable otorgar el siguiente Pulitzer de fotografía al autor de alguna imagen recuperada de esa “gran manzana”, caída por inmadura tolerancia, por la que pasó el quinto jinete del Apocalipsis desplegando el armagedón del mundo moderno que se sostiene gracias a una prolongada intransigencia interdoctrinal. Atávico príncipe del terror, que en nuestros días permuta las mesnadas bélicas tradicionales por grupúsculos de camicaces asalariados por el departamento ministerial de causas divinas y adiestrados en el terruño que los ve morir dejando como dote ciento un enfoque distinto de su último y letal planeo sobre la metrópolis. La tecnificación de las batallas contemporáneas no sólo vislumbra la invención de originales escudos antimisiles, sino también una cada vez más desarrollada porfía terrorista que persevera en sofisticar el homicidio selectivo recocido en partisanas secciones equivalentes a las tan en boga “células durmientes” que en estos días salen de su letargo para enarbolar liturgia y terror, o porqué no “terror en pro de -tergiversada- liturgia”. Cuerpos de elite del espanto, capaces de reventar la cuota de pantalla haciendo palidecer las otrora contempladas batallitas de sobremesa, plasmadas a golpe de espectacular y escenográfico desembarco militar sobre playas desiertas de adversarios, haciendo bueno el consejo de “si uno no quiere, dos no discuten -o pelean ante la cámara-”. Descalabradas secciones insurgentes que, como en la peor de las Centurias del arúspice Nostradamus, aguardan pacientemente la llegada de un 11 de mes para derribar dos dígitos arquitectónicos -en forma de rascacielos- que en la jerga informática representan la mitad de la materia numérica binaria, la parte física positiva. Ahora, la heroica historia los acoge en su regazo como uno de lo tesoros perdidos de la edad moderna. Es, la tantas veces proclamada fórmula del “todo vende, todo vale, todo se exhibe”. Pasen y vean!... ante ustedes el mayor espectáculo del mundo, el circo de la vida retransmitido en el más riguroso directo. Considérense usuarios de una plataforma de inmersión virtual, percibiendo en su órganos sensoriales el abismo circunstancial hacia donde peregrina su semejante. Asista a distendidos coloquios pronunciados por ufanos personajes capaces de velar los sueños de aquellos a los que antaño negó el pan y la sal; presentes en su mente, aunque exentos de su ayuda, pues en ese lugar tan abstracto del ser que es el intelecto gozan de exclusividad los principios metafísicos, pero pocas veces los morales que producen inquietud a su beneficiario... Prosélitos cartógrafos gubernamentales mostrarán, a modo de ingrata lección de historia, los enclaves limítrofes del hoy convidado a deponer ideales y armadura: ya sabemos -y si no, bueno es recordar- que Afganistán limita al norte con Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán; al sur con Pakistán; al este con China, la polémica región de Cachemira y Pakistán; y al oeste con Irán. Salvo este último, todos cedentes de sus feudos terrestres y aéreos para que la justicia occidental ensarte allí su caña y arroje el anzuelo en busca del gran salmón barbado guarecido en el reseco charco afgano. Alejados del sarcasmo verbal que produce el desaliento, hemos de reconocer el desfase mediático que nos invade cuando tratamos cuestiones referidas a países ajenos a nuestro espacio vital. Una secuela, el olvido o la ignorancia, fruto de la ignominia a la que se ven condenados dichos territorios por los lobbyes de la política y la comunicación mundial, acrecentando de este modo nuestra dejadez en cuestiones de orden internacional. Un ilustre representante de la psicología transpersonal, Ken Wilber (conocido como el “Einstein de la Conciencia”), en uno de sus múltiples libros sobre espiritualidad y ciencia hace alusión a este tema retomando los postulados de otro estudioso como el doctor Phillip Harter, profesor de la Facultad de Medicina en la Stanford University. Harter, regido por una aciaga certidumbre, ejercita un reparto objetivo de la sociedad mundial, verificando como la mayor porción de la tarta está en gran parte aderezada con fragmentos de aquellos habitantes que saltan a la palestra internacional en conflagraciones étnicas, infortunadamente parapetados tras abusivas y distorsionadas lentes. Según Wilber -extraído del texto de Harter -... si consideramos toda la población de la tierra como una aldea de sólo cien personas, ésta se asemejaría a lo siguiente: 57 de ellos serían asiáticos. Luego si redacto este artículo asistido por un -mi- formidable ordenador, rabiosamente tecnificado, ¿condeno de un plumazo electrónico a 99 personas de esa aldea al más pérfido ostracismo tecnológico?,... “muéstrame un héroe y te mostraré una tragedia”, que decía aquel. Simplemente, demoledor. Al hilo del guión esbozado para este ensayo, ¿qué tanto por ciento del total se ven abocados a la más cruda realidad vigente, participando involuntariamente como paradigmas de esa mediatización de los cánones comunicativos en base a denostadas disposiciones del ser humano reflejadas en sus sentimientos?. Una mediatización que converge muchas veces en un caos ético que exuda displicencia ante la calidad y cualidad humana de unas y otras personas. En estos días en que la noticia es el antagonismo USA versus Islam (parte del islamismo, por supuesto), el oprobio es medido en la pantalla mediante secuencias de imágenes con escenas de occidente (destrucción e ira) a las que se añade el típico prontuario oriental (siempre destruida, siempre iracunda). Como si con acompasada cadencia alterna nos obturasen un ojo, el del conocimiento y la justicia, para fulminar con el otro todo aquello que divisa dentro del rectángulo televisivo. El poder de la imagen,... el “puñetazo en un ojo” que propugna la publicidad visual bien hecha y mejor entendida, trasladado a partes blandas, abstractas; oprimiendo esa zona que aún nos distancia de lo meramente intuitivo, de lo maquinal: la conciencia. El fin Acabo de escribir esta crónica y sin más -retomando el discurso de Wilber- sigo mi actividad cotidiana sin mayor reparo. Más tarde, los noticiarios televisivos atosigarán mis células neuronales guiándolas hacia posiciones en las que urge sacar a flote mi status cognitivo particular para saber distinguir una inmunda calle de la fronteriza Peshawar, de una -hoy- polvorienta avenida del sur de Manhatan; una madraza, de un college; la visión pixelada de una mujer afgana, del velo que ensombrece nuestra primigenia nitidez óptica; el expansionismo real de Gengis Kan, del “I want you” espetado por un ficticio Tío Sam; una burka, de un traje-sastre de Armani,... oriente de occidente.
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PROTOCOLOS EN EL CAMPOAMOR
Que majestuosa la tarde ovetense cuando se deja bañar por el mágico influjo de la cultura, cuando la sabia esencia costumbrista de tan ancestral pueblo se entremezcla con el ingenio humanista y tecnológico retornado de ambas riveras del gran charco. Hace un mes se entregaban en el principado más septentrional de la estirada piel de toro íbera los nobeles hispanos instaurados con el marchamo o denominación de origen “Príncipe de Asturias”. En el anecdotario donde se registran los parabienes y desfases, comidilla de los más renombrados certámenes, queda para la posteridad la máxima que el locuaz Echenique manifestase pocas fechas antes, durante la entrega del Planeta 2002, evidenciando la escasa enjundia de unos premios otorgados en una nación, Suecia, sin marcada tradición literaria y por extensión lingüística (refiriéndose, imagino, a la reducida potestad universal de la lengua propia de aquel país). En este caso, excluyamos tal aseveración, pues aquí, en España, sí que disfrutamos del beneplácito intelectual distintivo de grandes personajes, garantes, a la postre, de una milenaria y acreditada cultura; y de paso, felicitemos al autor peruano por su sublime -y laureada- obra titulada El huerto de mi amada. Dicho queda. Terciopelo Azul Comunicación y Humanidades, Artes, Letras, Ciencias Sociales, Concordia, Cooperación Internacional y Deporte entre otras egregias áreas del conocimiento humano, se daban cita en el azulino liceo norteño. Investidos con tal honor, los Enzensberger, Allen, Giddens, Barenboim, etc. Habilitados para pisar, sin garbo de pasarela, pero con el docto abolengo que otorga a su portador firmeza en las extremidades, el blue velvet de un tapiz labrado con los blasones de la región astur. Protocolaria tarde, en la que se rendía merecido homenaje, asimismo, a los más ilustres forjadores de protocolos (en este caso de corte binario) y cortejo a los benefactores de causas radicadas en aquellos estadios donde reside la -a veces, poco equilibrada- moral que regula la pervivencia del homo -no siempre- sapiens. Internet, siempre Internet Como advertimos, allí estaban para recoger su premio los más encumbrados paladines del ámbito de la comunicación digital, los llamados “padres de Internet”: Vinton Cerf, Lawrence Roberts, Robert Kahn y Tim Berners-Lee. Los cuatro, galardonados con el Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. Quien iba a decir a los tutores de un mass-media constantemente canturreado por propios y extraños, Internet, que serían agasajados un 25 de octubre de 2002 en los andurriales del Beato de Liébana, ese monje del S.VIII que escribiera sus particulares Comentarios al Apocalipsis de San Juan. Valiosos manuscritos, cuya original impresión tipográfica e iconográfica contrasta con la pluralidad comunicativa -en contenido y forma- que debe salvaguardar la “madre” de todas las redes. Internet, tras la invención de la que fuese sucesora de técnicas de manufactura de incunables y demás hechuras bibliográficas, la imprenta, convertida en la más próspera descendiente con total seguridad de todas las sistemáticas comunicativas presentes en cada uno de los roles que acapara la coexistencia del hombre. Aunque eficaz plantío donde pueden llegar a urdirse los más oscuros negocios mercantilistas y existenciales, toca ahora ver su cara más amable como vehículo difusor de mensajes de concordia, de avances medioambientales en las heladas llanuras antárticas,... como medio de plasmación ilustrativa que dibuja en nuestra memoria pretéritos y contemporáneos triunfos de la torcida brasilera,... de acercamiento a entrañables oradores, como un Woody Allen, departiendo en butaca de orejas, cuyo discurso supone un claro acto de rebeldía contra lo impuesto, trasladado, en el adviento de la ceremonia principesca, a adeptos del séptimo arte ausentes del ambiente de recogimiento trapense allí recreado: una puesta en escena hecha a medida de aquellos que ven en el cineasta neoyorquino la dulce ironía del humor más sutil. Y la “tele” se hizo carne... ... y transmitió para nosotros. Como dicen que no hace daño, una vez al año el ente público que acapara la tecnocracia informativa audiovisual le da una patada en el trasero a la cuota de pantalla de OT´s, CM´s, CQC´s y demás “ensiglados”, a la vez que endiosados, programas de alta audiencia, que hacen buena la máxima de “la fama es la calderilla de la gloria”, para enaltecer en el más “mass” de los “media” a los hasta hoy activos predadores de las facetas del conocimiento. Quien sabe si mañana, arrastrados por delirios de ilustrada grandeza, imploraremos a las acaudaladas productoras la presencia televisiva de mozalbetes informáticos, electrónicos, “telecos” y demás “culturillas”, capaces de confinarse para investigar en un garaje, pertrechados con los útiles que hoy se les niega a los grandes parias (perdón, “hermanos”), o sea, lápiz y papel,... e, innata, una buena dosis de materia gris. En fin, no nos vayamos por los cerros de Guadalix, que antaño transitase el Mr. Marshall de Berlanga en loor de multitudes, y prosigamos en los dominios de Don Pelayo: como venimos relatando, en esta época del año, ritual punto de confluencia multidisciplinar donde convergen aquellas ecuménicas ramas sobre las que cuelgan integridad y sabiduría humana. Y todo, que no es poco, para hablarnos de una fascinante disciplina, la tecnología, envuelta en las prebendas que la doctrina informática ha cedido a tan sublime área; para departir sobre aquellos asuntos más terrenales, que debieran sobrevolar la conciencia propia y las ajenas antes de conversar acerca de cuestiones de más excelso calado social;... sobre violencia (de género -masculino/femenino-, de terrorismo segregacionista y de estado, etc.), con la firme apuesta de erradicar el falso estado de bienestar -gubernativamente aducido- en que se sumergen cada día hombres/mujeres, ya sea en su propio hogar, o en autócratas feudos; para visualizar bucólicos parajes cuya albina banquisa glacial se torna epidermis enquistada encubridora de la podredumbre que arrasa flora y fauna. Para departir, erradicar, visualizar conjugaciones de vigorosa vigencia dentro de la ensanchada academia global que constituye Internet, dentro de esa dama incorpórea cuyo vientre transporta la sustancia histórica atribuida a la labor pasada, presente y futura del súbdito (valga la paradoja) que la engendró. Ay, ¡Don Ramón –de Campoamor -, cuanto erudito reunido, etérea y presencialmente, en tan folclórico paisaje!. Comensales de fast/fat food, trasladados a tierra de cazuelas, de olorosa comida cocinada a fuego lento sobre fogones que ingieren desecados tocones de leña en su chispeante combustión, de burbujeante sidra, que riega estómagos henchidos de fabada y pote. Nunca Internet se hizo presente en más preciada villa, ante tan señeros pobladores.
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ASHES TO ASHES
Posdata inicial El presente artículo fue escrito y remitido a la redacción de este medio días antes del terrible atentado perpetrado contra la ciudadanía madrileña, contra el pueblo español. Por ello, no caben en él referencias, hechas a posteriori, que serían en todo caso de esencia literaria nunca dogmática, a hechos, situaciones o conjeturas surgidas en el fragor de la triste realidad que asola el país. Ashes to Ashes. Supervivientes en la CAVE, de ningún modo, enarbola banderas con inscripciones bélicas, ideológicas o demagógicas, a favor o en contra de las creencias políticas, éticas y/o espirituales de cualquier individuo sumido en la dramática dinámica existencial que actualmente saquea el mundo de las ideas en España. Por encima de enfoques meramente sectarios, el contenido de este artículo reflexiona en torno a determinadas connotaciones creativas aplicadas al campo de la producción tecnológica digital, de la Realidad Virtual; con un sustrato expositivo, ilustrativo, basado, eso sí, en el lamentable siniestro terrorista, etiquetado con el sobrenombre 11S, que años atrás aconteciera en diversas zonas puntuales de Estados Unidos. Seguramente, la serenidad y madurez que concede el paso del tiempo a los que experimentamos, a cualquier nivel, reveses como el ahora vigente, servirá para esgrimir la pluma (única “arma” de uso legítimo) y modificar con el ímpetu de la palabra el credo de aquellos que convierten el fanatismo en paladín de la pervivencia humana. Por extensión, y por desgracia, la dedicatoria final que aparece en este escrito debe ser completada con los nombres de las hasta ahora doscientas personas fallecidas, sus familias y con los supervivientes del denominado 11M. Todos íbamos en ese tren. A partir de aquí, comienza el texto original: ese que nunca debió ser reajustado. Platón En su caverna particular excavada en La República, Platón describe un hombre encadenado a su destino, cuya visión alcanza sólo aquello que se dibuja en la pared a la que contrapone su mirada. Sobre la superficie de tan represora estancia se delinean los claroscuros proyectados desde el exterior gracias a una gran hoguera que irradia información hacia este plano interior de disposición vertical. Ese es, según el filósofo griego, el mundo de las sombras, de las apariencias; fuera de tan lóbrego lugar se extiende majestuoso el universo del conocimiento, la luz que proclama la existencia de lo real, de lo racional. A nosotros corresponde, por tanto, salir de ese orbe colmado de conjeturas, escapar de la arcillosa cueva y cotejar lo figurado -visto dentro- con lo real -expuesto fuera-, la sombra y la luz. Sólo así tendremos una verdadera concepción de la transición existencial que soportamos, madurando adecuadamente lo que nos imponen para forjarnos desde nuestra posición el esbozo de lo que realmente queremos conocer y aprender. Intentémoslo. En la era contemporánea, en el prefacio de este aún infante milenio, lo hizo Saramago con su caverna, con La Caverna; dos años después, una antítesis de esa cueva convierte en paradójicas las posturas platónicas y se dispone para albergar, a modo de imágenes y sonido, emociones vividas en primera, segunda y tercera persona del singular y plural pronominal,... del singular y plural mortal. En el Mito de la Caverna, este amante de la sabiduría que era Aristocles (rebautizado en el parnaso de la erudición con el nombre de Platón ) hace alarde del más excelso dominio de la metafísica para dirimir los prototípicos estados del entendimiento humano dentro de un espacio arquitectónico que le sirve como vehículo de representación de sensaciones que apelan a la ética, religión, justicia,... y demás axiomas filosóficos presentes –o no- en el ser racional. Más de veinte siglos después, Ashes to Ashes , ceniza sobre ceniza, recaba en esos mismos estadios que demandan un plus de emotividad, reproduciendo en un cubículo envolvente, en una de esas innovadoras grutas rotuladas con las siglas VR, la CAVE, las tribulaciones sobrevenidas a unos pocos supervivientes del atentado contra las Torres Gemelas del WTC (NY). Ya saben, aquella fecha en que d escalabradas facciones insurgentes, auspiciadas por la peor de las “Centurias” del arúspice Nostradamus, aguardaban pacientemente la llegada de un 11 de mes para derribar dos guarismos arquitectónicos, en forma de rascacielos, que en la jerga informática representan la mitad de la materia numérica binaria, la parte física positiva. Carolina & Cía La co-inventora de la CAVE y ahora Directora Asociada del VRAC en la Universidad de Iowa, Carolina Cruz-Neira, junto a la coreógrafa Valery Williams y la compositora Anne Deane, ponen en escena la referida Ashes to Ashes. Una pieza en cuatro actos, reproducible dentro de tan magistral auditorio inmersivo, con un preludio que acordaron en llamar A Beautiful Day: Todo el mundo contó que era un día otoñal precioso, con mucho sol, y que estaban contentos porque en esa época en Nueva York normalmente bajan las temperaturas y empieza a llover. El segundo, tercer y cuarto acto atienden, correlativamente, a los enunciados What They Heard, Ashes to Ashes y Dance Driving, y rememoran lo que los entrevistados oyeron (un trueno, una explosión, ruido de metales...), contemplaron (todo se puso blanco de repente, era como andar por una piscina llena de leche, no se veía nada) y, por encima de todo, lo que sienten, como analizan su -aún por vivir- existencia (la mayoría son optimistas por haber sobrevivido y poder disfrutar de la vida). Por suerte, y merced a Impact4D (empresa de marketing virtual afincada en España), he tenido la posibilidad de “involucrarme” en esta espiritual -y a la vez pétrea- escenografía, de participar en una crónica que ahora recupero en la soledad de un reducido habitáculo, pero que ya había sido impresa en las paredes de mi cerebral CAVE casi tres años antes: un mediodía en el que sentado ante el televisor miraba aterrorizado como los grupos de elite del espanto eran capaces de reventar la cuota de pantalla, menoscabando por completo el concepto que otrora habíamos adquirido de aquellas “batallitas de sobremesa” plasmadas a golpe de ornamental desembarco militar sobre playas desiertas de adversarios. El poder de la imagen, el “puñetazo en un ojo” que propugna la publicidad visual bien hecha y mejor entendida, trasladado a partes blandas, abstractas, oprimiendo esa zona que aún nos distancia de lo intuitivo, de lo maquinal: la conciencia. Una realidad nada virtual. Nos ausentamos de los territorios -políticamente- ocupados y retornamos al lugar preciso, donde el ingenio electrónico se torna simulada bambalina. Una vez dentro de la plataforma VR, en principio aturdido, agitado por tan real-virtual experiencia, comienzo a reunir testimonios cuya permeabilidad sensorial y semántica bien podría invitarme a cerrar los ojos y percibir con la imaginación. No obstante, rehúso obturar mi retina con sombras que oscurezcan el variado juego de formas y la plasticidad cromática de las imágenes que delicada y acompasadamente se proyectan ante este –igualmente- mortal usuario. ... y miro al frente, a izquierda y derecha. Por encima de mi cabeza, centellea el dispositivo de posicionamiento, el GPS de la CAVE distinguido con el apelativo tracking system, como queriendo dibujar en ese firmamento electrónico las estrellas que aquel fatídico 11S desestimaban su asistencia más arriba de los desvanes de tan ciclópeos edificios,... o porqué no, las estrellas fatuas de quienes ya pervivían en tan celestial cosmos y derramaban su letanía como volátil ceniza vertida sobre un gris territorio revestido asimismo de ceniza. Los supervivientes Tú vives su experiencia con ellos en el CAVE, como un compañero de viaje. Con esta escueta, pero definitoria frase desentraña Carolina Cruz-Neira el proceder del usuario que, sumergido en la CAVE, emprende la exploración de un relato prologado con un “happy day” (“Beautiful day”) que proclama la benignidad del clima y epilogado en el “God bless America” (“Living in the aftermath”) de aquellos que alzan la vista al cielo neoyorquino esperando que el maná divino suplante los matices cenicientos que llueven sobre la asediada metrópoli. Sus nombres: Joyce, Grazia o Billy,... transeúnte, abogada o bombero, que más da, en cualquier caso impuestos protagonistas de una trama convertida en odisea cinematográfica que se aleja del glamour holliwoodiense para congraciarse con los filmes documentales que muestran el oprobio que desnivela el orden mundial. Con todo, a pesar de los evidentes visos político-religiosos que subyacen en cualquier móvil que hace referencia al 11S, esta obra, que bebe de las fuentes cuyo manantial argumental prorrumpe en tan bárbara invasión, recurre a inferencias de corte eminentemente humanista que trascienden a las categorías más egregias de la deontología racional. La Realidad Virtual, sistemática que ajusta los engranajes de Ashes to Ashes, y por extensión la nueva creación digital, no entiende, en ningún caso, de consignas doctrinarias que autorizasen la presencia en una CAVE de innovadores jeans, cerrando por ende su espacio a tupidos velos que destierran al más oscuro ostracismo a sus portadores; ni traslada sus aventajados métodos a colleges, excluyendo su catecumenado en humildes madrazas;... la metodología y temática que abandera la Realidad Virtual no abre sus puertas a occidente si ello comporta dar un sonoro portazo a oriente. Por encima de todo, Ashes to Ashes traza una anchurosa raya en ese océano donde navegan los antagonistas de aquellos valores tildados con el apelativo “confraternización”, rescatando para sí las vivencias de marineros en tierra sometidos a esa intranquila “calma chicha” que pulimenta la superficie marina, anunciando, entre tanto, el retorno de violentas acometidas. Gracias Carolina, Valery y Anne, debieron susurrar con voz quebrada esos mismos “marineros” que prestaban su palabra, alma y –casi- vida a esta obra de arte, a esta excelsa combinación de elementos gráficos y sonoros puesta al servicio de la tecnología digital más artística, de mayor enjundia estética. Antes, cual rejuvenecidos zaratustras anunciaron la “buena nueva” que reemplaza al infortunio, y su delirio vital quedó recogido para la historia en un guión habilitado por los dioses de la grandilocuente razón para expresar con iconografía y verbo las glorias y miserias que afectan al género humano. Si tienen la posibilidad, léanlo, y, por encima de todo, óiganlo,... siéntanlo. Y si algún día el maravilloso circo de la Realidad Virtual pasea por su calle, transportando sobre luminosas carrozas de madera una cúbica jaula de palmípedas oquedades, de nombre CAVE, compre entradas para tan espectacular fausto. No se arrepentirá. Dedicatoria Dicen que la historia perdona pero no olvida. Una máxima, continuamente rememorada desde los dictatoriales regímenes políticos acaecidos en el Viejo Continente, refrendada ya entonces con sistemáticas creativas afiliadas a propósitos como el ahora expuesto. No en vano, la creación plástica, un cuadro, un cartel,... la tecnológica, una performance digital, una composición interactiva para VR,... o cualquier otra configuración artística, ceden su bagaje instructivo, su know-how, al impulso narrativo de los anales históricos, subiendo al escenario aquellos episodios que por suerte o desgracia un día acontecieron a personas como tú, como yo. Dedicado a Joyce, Grazia, Ed, Bob, Judith, Jim, Billy, Andy, Mary, Emily, John,… supervivientes del 11S, supervivientes en la CAVE; a Carolina, Valery y Anne, cronistas de este testimonio.
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11-M
Precedentes Tercera, y espero última, vez que escribo una crónica relacionada con cuestiones “cyberculturales” que veladamente aluden a la crueldad terrorista que asola el mundo en un milenio que nació para marcar distancias culturales a todos los niveles y que, por contra, desde sus inicios ha sido rotulado con sanguinolentos trazos. Comencé citando tales desasosiegos pocos días después del estadounidense 11-S, para narrar en Génesis del Tercer Milenio: el fin y los medios el mediático tratamiento que en parte rodeaba a tan cruel acto, y rematé un segundo artículo, titulado Ashes to Ashes. Supervivientes en la CAVE tan sólo tres días antes de la tragedia en Madrid. Dos escritos diferenciados tanto por la distancia temporal como por las vivencias relatadas en ambos: la desgracia existencial, presente en el primero; la paradójicamente aciaga y a la vez vitalista visión de los supervivientes de New York, en el segundo, idealmente asimilada y trasladada a una plataforma de Realidad Virtual por el equipo del VRAC capitaneado por Carolina Cruz-Neira. En cualquier caso, dos situaciones, dos vivencias, dos relatos, cuyo argumento parecía quedar lejano en el devenir de un país como España, hartamente embarrado de sangre en demasiados puntos determinados de su geografía. Cyborg,... ¿quién eres tú? Desafortunadamente, ya tenemos nuestro particular “11-S”. Nominado con una sigla distinta, la “M”, pero precedido por idéntico y terrorífico guarismo, el “11”. Maldito juego de caracteres. Más de mil cuatrocientas situaciones ceñidas a una vivencia, ahora a un relato, cuyos protagonistas, equívocamente tocados con turbante, actúan con el robótico instinto de quien es instruido para segregar su –para él- subyugante condición de la preeminente casta del que le oprime. Ojo, matizo “equívocamente”, pues la inmensa mayoría de los que acicalan sus cabezas con tal complemento, blandiendo en sus manos textos política y religiosamente correctos, cobijan en su interior los mejores ideales y los más insignes deseos de bienestar para sus semejantes. Los demás, esa inmensa minoría, nos sirven en oxidada bandeja un doloroso, pero claro, método que sirve para explicar -a quien lo ignore- las más turbias acepciones lingüísticas y físicas del término cyborg. Un vocablo, traducido como cybernetic organism y concebido en 1960 por Manfred Clynes y Nathan Kline en su obra Cyborgs y Espacio, que deriva hacia la esfera metabiológica donde las máquinas cobran inusitado protagonismo como ingenios capaces de emular ciertos comportamientos atribuidos íntegramente al prototipo humano. Ya en el pasado siglo, en los círculos artísticos del expresionismo alemán, Oskar Schlemmer trazaba en una de sus obras un esbozo de protohombre como paradigma del ser pulcramente adentrado en los estadios del conocimiento, confiriéndole ciertas señas de identidad que “podrían” recordarnos diversos atributos otorgados por los tecnólogos al referido cyborg. Y digo “podrían”, pues en este “Hombre en las ideas” representado por un idealista Schlemmer se dan todos aquellos condicionantes que lo constituyen, en palabras suyas, como realidad metafísica y como mediador que participa del orden cotidiano que le rodea. Principios y fundamentos, tanto abstractos como corpóreos, inherentes al individuo, sistematizados en su parcela formal, biológica y filosófica, la mayoría de difícil acoplamiento a los metálicos órganos del engendro cyborg. Hasta aquí, en breves y rápidas pinceladas, la perspectiva –digamos- positiva que podríamos entrever en un autómata de tal pelaje. Veamos otras peculiaridades que ajustarían la mente de este personaje cyborg a la de otro sujeto infaustamente presente el 11-M en la capital del reino. Para empezar, que me perdone el gobernador de California, el cinematográfico Schwarzenegger, por el arranque comparativo que esgrimo, pero el volumen de masa cerebral cobijado en la testa del androide “Terminator” dirigido por James Cameron es directamente proporcional al de los individuos que pasearon el terror por las vías de Atocha, o sea, inexistente. La diferencia entre ambos especímenes, mitad entes humanos mitad máquinas, solamente queda reflejada en sus ostensibles roles, reales o ficticios, interpretados en la película de la vida. Sólo este matiz pone tierra de por medio entre aquel ser remachado con aparejos biónicos, el cyborg, y el concebido en carne y hueso pero dotado de extremidades metálicas, ese en cuya prolongación natural de la mano se esculpe un arma de fuego, el terrorista. Un fanático guerrillero que adopta, en sus fueros criminales, formalismos extraídos de futuristas batallas y aplicados con la soez perfidia que singularmente un desalmado convierte en cátedra. Aludo, en este caso, al uso de mochilas atiborradas de explosivos. Ese nuevo exoesqueleto cargado a espaldas de un virtuoso del homicidio, que tan libremente pasa desapercibido cuando se mezcla con el tradicional que portan gentes de bien trasladando en su interior inocuos libros, ropajes o alimentos. Objetos, estos últimos, acomodados en los imperecederos estadios de la tecnología humana, promotores de técnicas racionales que sugieren la prosperidad del ser vivo como ente dotado de cualidades innatas puestas al servicio del conocimiento, del trabajo, del estudio, del amor a su homólogo, de la justicia,... De “highway” a “railway” Por otra parte, dirigiéndonos a los circuitos del discernimiento que todavía sirven -valga la paradoja- para confrontar decorosamente al pueblo llano, son torrenciales los ríos de tinta que corren a diario por Internet transportando los negros lodos que dejó aquel 1+1 de marzo. Digamos que la red de redes se ha convertido durante un periodo de nuestra vida, y de manera complementaria, en la banda ancha que circunda binariamente el tondo que da acceso a la Estación de Cercanías madrileña,... ese lugar donde todos situamos nuestro cirio rojo encendido, acompañándolo con breves glosas cargadas de emotividad y, porqué no, de rabia contenida. Nuevos tiempos para la joven Internet. La devastación cultivada por el terrorismo motiva un cambio generacional en la pervivencia que hasta ahora situaba a ésta como alegórico eje bi-direccional en esa gran autopista de la información bajo cuyo enclave y nominación fue gestada. Una permuta territorial que promueve su descanso-activo por un tiempo sobre las siempre paralelas vías de un tren, cuya constitución par-lineal apareja el esquema técnico capaz de soportar la fluidez de información que requiere todo medio comunicativo,... de un sistema de comunicación terrestre cuya disposición de elementos a modo de traviesas da forma imaginaria a esos nucleótidos que unen la doble hélice de ADN de quien quedó allí pero también de quienes dignamente nos “servimos” de su contrariada suerte para honrar su bendita memoria. Internet, trasgresor gerente de implicaciones racionales, capaz de ejercer una gran influencia sobre la voluntad del espectador o usuario, se convierte en estos días en un agente más colaborador con la causa urdida. De este modo, sin la importancia concedida, con toda lógica, a la presteza auxiliadora ejercida por los cuerpos de seguridad, de sanidad o por el propio pueblo madrileño, pero sí con la prioridad bienhechora que se supone a un medio que rentabiliza sobremanera la variable psíquica, la red pone en liza voz e imagen para acallar perversas incursiones contra-raciales y encontrar luz en los oscuros parajes/pasajes que hoy trazan/escriben unos pérfidos autómatas permutados de repente como efímeros biógrafos de la humanidad. Aunque realidad palpable, Internet, al fin y al cabo una figura retórica -tipo comparación, eufemismo o personificación- equiparada semánticamente con géneros de la “comunicación” que hacen sublime la literatura urbana cotidiana, reaparece una vez más como vehículo mediático intercultural, interdoctrinal, interracial,... donde se aglutinan palabras hechas sensaciones con el único fin que da sentido a esa máxima asumida por y para los anales de la Historia: “perdonar, pero nunca olvidar”. Razón vs. Idolatría Estudiantes, trabajadores,... españoles, ecuatorianos,... blancos, negros,... yo mismo, que he viajado tantas veces en ese tren de cercanías cuando trabajaba en la villa de Cervantes,... todos nos sentimos transeúntes dentro de esos vagones calcinados, usuarios de la lineal red metálica que durante unos días quedó tan retorcida como el esbozo que proyecta la estructura de la desoxirribonucleica molécula que simboliza la vida, humildes escribanos de artículos y correos electrónicos en un medio favorable a la comunicación interpersonal,... si bien, señalados por quienes odian lo social y universalmente establecido. Por favor, no nos pidan convertirnos en prosélitos del síndrome de Estocolmo; como trastorno psicológico es admisible, ahora bien, como sistemática aplicable a la tutela de nuestros propios sentimientos, no. ¿Cyborgs?, en las películas. PD. Mi más sincero pésame a todas las familias deshechas por los trágicos atentados acaecidos en Madrid.
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LA GÉNESIS DIGITAL DE HOMER
About Homer Y Matt creó a Homer, plano en desarrollos mentales y bidimensional en su naturaleza dibujística, pero genial, simplemente genial en indulgentes virtudes que en España, país donde la importación-exportación-adaptación de papirotes televisivos sobrepasa de largo el límite permitido para no desbordar la sesuda razón, son consideradas ofensivas al catecumenado patrio del españolito de a pie. Porque,... a qué famoso –rosa, amarillo o marrón- “de los nuestros” no le gustaría entablar gallardía verbal con el hilarante Homer,... cuantos “de los suyos” lo consiguieron. Grandes del cine como Kathleen Turner, Kim Basinger y Alec Baldwin; cantantes de la talla de Paul McCartney, Tom Jones y James Brown; incluso políticos como George Bush y Tony Blair,… alcanzaron el reconocido galardón, el “cameo”, que los convertía durante media hora en compañeros de reparto de una familia que, en clave de humor, derrocha inteligencia a raudales. Un personaje, el creado por Groening, sublime en acciones e intachable en contradicciones. Líneas de contorno y colores uniformes, conformando una constitución despoblada fisico-lógicamente en la parte interna y externa de su cupulada testa. Pero sí, eso sí, laureado con una zigzagueante corona de punzante pelo bordeando su cabezorra cual rey momo elegido por plebiscito telefónico en cualquier reality-show yanqui. “Dios, me debes un cerebro”... algo totalmente evidente hasta para el Hacedor del orbe, pues realmente serían ingentes océanos de sustancia gris los necesarios para rellenar tan agrandada cavidad cerebral. Los mundos virtuales de Homer Vivimos un momento en el que es más tolerable, como sucediera a nuestro querido Homer, confundir a un conspicuo empresario de la prensa erótica con el físico británico Stephen Hawking que cuestionar las aptitudes informáticas de un adiestrado individuo en la época Internet, en la era de la hartamente enarbolada por tecnócratas “Revolución Cibernética”. Por ello, rehuyo emprender dilatadas exposiciones teóricas sobre el término al que alude el enunciado del presente apartado, para resaltar, de manera genérica, que el Virtual Reality Modeling Language, o lo que es igual, el Lenguaje de Modelado para Realidad Virtual, inventado por Mark Pesce, propone la creación de mundos virtuales a menor escala expositiva que la propia Realidad Virtual. Una menor calidad gráfica interpretativa que, por otra parte, se ve refrendada positivamente por el enorme número de posibilidades que ofrece dicha sistemática de visionado gracias al bajo coste instrumental que requiere la producción de obras de esa tipología, sin que merme, por esta causa, la peculiaridad de interacción informativa que aflora cuando navegamos en entornos VRML. Hablamos, en tal caso, de cualidades gráficas y de interacción objetual sustentadas gracias a un estudiado diseño y modelado de elementos 3D, que esconden en su interior desarrollos infográficos repletos de eficiente documentación referida a mil y una cuestiones demandadas por un usuario conocedor del considerado como gran legatario del HTML en territorios on-line. Volviendo a disquisiciones propias que afectan al único ser dibujado provisto de cuatro dedos, resaltar que aunque no cabría considerar como práctica VRML la experiencia visual en la que Groening y sus camaradas enfrascan al orondo patriarca de la familia Simpson, sí que podemos reconocer en esta experiencia gráfica algunos de los pormenores que atesora la construcción de ambientes interactivos para Realidad Virtual. Todo sucede, si la memoria no me engaña, en el capítulo titulado La casa del árbol del terror VI. Episodio especial cuyo argumento gira en torno a la espectral celebración de Halloween en Springfield. [Springfield. Célebre villa del estado de Illinois que otrora viese pasear por sus calles a insignes de la escena intelectual y política estadounidense como Abraham Lincoln, por la que ahora merodean -en celuloide- prosaicos ciudadanos de la talla de Barney, Moe o Apu, y cuyo más memorable paladín es su fundador, Jebediah Springfield. Decapitado éste, bueno... su estatua, por Bart en un desafortunado acto de osadía gamberril] Pues bien, en tal episodio contemplamos a un Homer franqueando la actualmente delgada membrana que separa la ficción de la realidad, traspasando la estrecha franja que disocia el proyecto ilusorio de imágenes y hechos de la concepción innegable de la existencia natural de los seres y sus actos... en suma, la “duffniana” barrigota del henchido “vecinito” rompiendo las leyes físicas del atávico cómic dibujado para convertirse en personaje de carne y hueso binario, apto para codearse con epidermis constitutivamente orgánicas. Sí, sí,... ríanse ustedes de la transformación en “monstruito cyborgniano” practicada en cualquiera de los Terminator (I, II y III) por el ahora fornido gobernador de California. Sólo creemos en Homer y al él rendimos digital culto. Lo de Arnold Schwarzenegger –su metamorfosis, no su elección gubernativa- es sólo un mal sueño para mentes como la de María, esa estilizada androide creada por Fritz Lang para su particular “Metrópolis”. Y todo esto, hilvanado en unos cuantos fotogramas que ilustran la magistral mutación “Homeriana” (no confundir con el épico Homero, el de La Ilíada y La Odisea, dedicado a cometidos tan eruditos como rancios). Secuencias concebidas para encumbrar al ídolo de la “american beauty dibujada” en el olimpo de los seres cinematográficos que han visto como su cuerpo era pasto de los caprichos de imaginería que proclaman a la computadora como eficiente escultora de estudiadas morfologías. Homer entre vectores Por otro lado, qué podríamos apuntar acerca de la calidad técnica que acapara el conjunto de labores digitales manufacturadas para la historieta. A juicio tanto de doctos como de noveles en estos afanes digitales, y sin mayor pretensión experimentada que la de ilustrar ese microcosmos interior del universo CAD (Diseño Asistido por Computadora) formado por vectores y criptográficos guarismos, mezclándolo con los sólidos volúmenes que conforman la orografía de Homer,... correspondería calificarla como soberbia, una producción realmente fascinante. Y no es que la mofletuda anatomía de este personaje de ficción requiera esmeros trascendentemente especiales en su modelado, pero siempre hay que darle un certero toque de temperamento formal que redunde en igualar la expresividad innata de su naturaleza bidimensional. Ambos condicionantes, modelado de formas y expresividad gestual, rasgos distintivos del personaje original, son resueltos en este caso con rematada maestría por el equipo de desarrollo gráfico encargado de embutir en software de creación y animación de entidades tridimensionales las hechuras –semejantes a la talla en plastilina- que evocan la representación somática de Homer. En consecuencia, confundido por la enfermiza visión que desencadena permanecer largos periodos delante de modeladores y visualizadores de mundos virtuales (authoring tools, browsers,...), cada vez que contemplo este episodio mi mente genera un espacio, igualmente irreal, dentro del cual brota la iconografía del figurante en cuestión merodeando por un calidoscópico hábitat. Son estos ambientes representativos de la VR, ilusorios dominios fecundados dentro de la imaginación del autor, instrumentalizados con los avances tecnológicos que la industria informática nos cede y desplegados sensorialmente en plataformas inmersivas que hacen las veces de vehículo catalizador del expansivo fenómeno visual que promueve la trecentista perspectiva. ... Para finalizar, al hilo de los dichosos condicionantes técnicos ahora insinuados, abro y cierro un escueto paréntesis para tratar esa “curiosa” desigualdad de medios a la que aludimos constantemente cuando alguien establece triviales comparaciones con las producciones americanas de animación. Si han tenido la oportunidad de asistir estas navidades a la proyección de alguno de los dos filmes españoles en cartelera ubicados en la categoría cinematográfica ahora tratada, Los Reyes Magos y El Cid, la leyenda, habrán advertido porqué son marcadamente superiores a cualquier otra -en cuanto a calidad técnica- las creaciones estadounidenses de este género. No cabe escudarse en presupuestos desorbitados que dejan en mantilla los micro-presupuestos convenidos para las creaciones hispanas. No, no... Si partimos de guiones madurados hasta la saciedad, pues el tema en concreto es sobradamente conocido por todos, no caigamos en el espinoso error de desarbolar los prototipos gráficos que acompañan a cada uno de los archifamosos protagonistas, dotándolos de rocambolescos rasgos fisiológicos. Simplemente, porque ningún creativo de la Pixar, contagiado de la tradición religiosa española, concebiría un rey Baltasar sacado de una cancha de los Lakers. No, Kobe Bryant es estupendo como mimo para el papel de protagonista en una tediosa “peli” de correrías universitarias,... como mimesis para Baltasar, es una pantomima. De la misma manera, que tampoco apelarían al físico de Iñaki Perurena para engendrar la estampa del famoso héroe castellano, Rodrigo Díaz de Vivar. Hay ciertos estereotipos novelescos que funcionan perfectamente sin necesidad de buscarles caricaturescos extras, y en ese “pequeño-gran” detalle recae buena parte del sustrato cualitativo de una producción cinematográfica. Por lo demás, dos enternecedores -por historiográficos- filmes, lo cual no deja de ser primordial para quien los contempla. Creo, que para reflejar acertadamente en una película de animación lo antes indicado no es necesario tener un amigo “executive producer” llamado Aaron Spelling. Sin la ayuda de este “medici” contemporáneo muchos treintañeros “alucinábamos” en nuestra infancia observando la figura de un Don Quijote de la Mancha dibujado con trazo indeleble. Bueno, también es cierto, como dicen los ancianos del lugar, que “ya no nieva como antes”. Donde vamos a llegar!!!. PD. Deuda saldada, Matt.
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BLOQUE II S.21. LOS PROLEGOMENOS DEL HUMANISMO DIGITAL EN LAS DISCIPLINAS ARTISTICAS Y CIENTIFICAS
NASDAQ Y ARQUITECTURA Entre otros arquetipos surgidos en el fragor constructivo, este pasado siglo vio nacer y evolucionar obras arquitectónicas afianzadas en propuestas espaciales de orden superlativo. El edificio Chrysler, el Empire State Building o el World Trade Center, entre otros rascacielos ubicados en los Estados Unidos antes de saltar la barrera de los años ´50, ponían nombre y figura a la apuesta que el hombre lanzó a las leyes de la naturaleza consistente en alcanzar y habitar la cada vez más estrecha franja que nos separa de los confines celestes. Hace pocos días leía un artículo ya atrasado de L. Fernández-Galiano (El País, edición de 20-1-2000), quien citaba como en otro diario, en The Economist, se hacía referencia a la caprichosa coordinación con que surge este fastuoso modelo arquitectónico: los arúspices financieros pronostican el futuro contando grúas, y cada período prolongado de euforia bursátil deja como testigo un récord edificado. Asimismo, señalando diversos edificios antes nombrados, narra como varios de ellos rematan su construcción durante algún ciclo expansivo económico; rebasando este segundo milenio con ciudades cuya grafía aérea dibuja una sinuosa skyline. Aunque considerada por muchos como una tipología constructiva añeja, la proyección de este magno y estilizado estándar de edificio vuelve a tomar cuerpo a final de siglo con la aparición en Kuala Lumpur de las Torres Petronas de César Pelli. Señal perceptible que indica como la esfera arquitectónica donde se adhieren las propuestas creativas y técnicas de esta estirpe particular de edificios sigue rotando constantemente, incluso en el intervalo temporal que vivimos actualmente; eso sí, albergando dentro del catálogo de ideas, materiales e instrumentos que formalizan la obra, todos los nuevos adelantos adaptables a la configuración del inmueble provenientes directa o indirectamente de la parcela digital. Por ejemplo, los componentes utilizados para conformar la estructura y el revestimiento de la piel del edificio, basados principalmente en materias de fábrica -tipo hormigón- y metálicas, son sustituidos en muchos casos por materiales más etéreos -como el vidrio- que dan protagonismo al juego de contrastes interior-exterior, para obtener, pese a las proporciones tan descomunales en cuanto a volumen que adquiere este multifuncional bloque, una construcción de ingrávida presencia. No obstante, puede que sea en la singular geometría de formas acordada para distinguir la estampa de éstos, donde se note en mayor grado la intermediación de la hegemonía digital. Muy significativo el caso de Frank O. Gehry, quien en sus onduladas construcciones (recordemos la serpenteante morfología de referencias marinas del Guggenheim-Bilbao) recurre a la máquina tanto para diseñar los volúmenes como para elaborar y reparar fisuras calculatorias. César Caicaya (colaborador de Gehry en el montaje del referido museo vizcaíno) sostiene que sin la informática, todavía estaríamos diseñando el Guggenheim... La gran ventaja de la informática, desde el punto de vista creativo, es que el ordenador hace operaciones matemáticas diferentes según se le ordene. A él le da igual sellar de una manera u otra las piezas, pero tiene mucha capacidad para obedecer las distintas ordenes. El mismo concluye afirmando con rotundidad que el ordenador no es mágico pues necesita del influjo creador del artista. Hace ya varias décadas que las áreas dedicadas a tareas de edificación, urbanismo y demás labores de técnica arquitectónica e ingeniería adquieren y fomentan los adelantos tecnológicos evolucionados desde la vertiente digital. Es más, podríamos considerar dichas disciplinas, junto a las propias del diseño, como las grandes impulsoras de la erudición y práctica acontecida alrededor de la informática gráfica. Ya sea en la construcción de la popular casa solariega o en la sublime obra de ingeniería que supone el Museo de las Ciencias y las Artes de Valencia, llevado a cabo por Santiago Calatrava, el equipo de proyectistas (arquitectos, ingenieros, aparejadores, diseñadores, etc.) encargados de su manufactura apelan a los útiles informáticos para ejecutar el proyecto, para solventar las diferentes trabas técnicas y estéticas que surgen en torno a la fisonomía estructural del modelo constructivo. Y es que será la arquitectura, entre todas éstas, una de las disciplinas más favorecidas con la incorporación de la informática al medio de representación gráfico, absorbiendo la multiplicidad de recursos que le permiten el esbozo no sólo de planos esquemáticos, sino también de espacios constructivos modelados a partir de formas sólidas y efectos que imitan con gran realismo tanto los fenómenos naturales como los ficticios. Recapitulemos la recientemente citada frase de Ken Sanders, si el ordenador sirve para simular... Este pensamiento de Sanders, recogido en El arquitecto digital (EUNSA. Pamplona, 1998) para referirse a lo que denomina síndrome de Parque Jurásico, ironiza sobre el uso -en muchos casos desmedido y anárquico- de los gráficos generados por ordenador dentro de una gran cantidad de disciplinas pertenecientes a la colectividad de géneros audiovisuales. Tirando de historia Muchos siglos antes de esta pléyade de progresos técnicos, en temporada románica y posteriormente en el gótico, las principales metrópolis de la floreciente Europa acogían en su trazado urbano otro tipo de monumentos arquitectónicos que perseguían una estética bastante distinta a la secundada en la fisonomía de los descritos en el párrafo anterior. Evidentemente, construcciones menos dadas, por la época en que surgen, a albergar en su armazón cualquier alarde tecnológico que no fuese algún que otro ingenio salido de la mente de los eruditos, consagrados entonces como expertos en intervenciones tanto científicas como artísticas, y trasladado al papel mediante los rudimentos caligráficos existentes en aquel momento. Eran fechas favorables para construir grandes catedrales. Templos, robustamente cimentados para ensalzar intramuros la eminente gracia dispensada al orbe por el divino ser que mora dentro de sus altos y gruesos parapetos pétreos, cuya orientación evolutiva individual se hace patente a lo largo de la cronología artística como reseña de identidad convertida en persistente testimonio de épocas pasadas. Poco después de esta irrupción de las grandes obras catedralicias, si consideramos un par de centurias como un intervalo breve de tiempo comparado con el estirado bagaje histórico que carga sobre nuestra espalda, Miguel Ángel, reconocido protoartista de todos los campos creativos impulsados durante el renacimiento, dirimía muchos de sus planteamientos artísticos a través de innumerables epístolas dirigidas entre otros a su hermano Buonarroto, a Julio II, a Clemente VII, o a miembros allegados de los Medicis, como su gran amigo Lorenzo. Entre estos escritos, de la más variada temática, me quedo con uno remitido a Baldassare di Cagione, su proveedor de mármol en Carrara. Baldassare: Me tenéis muy asombrado porque mucho tiempo atrás me comunicasteis que habíais cortado gran cantidad de bloques de mármol; habéis disfrutado durante largos meses de un tiempo envidiable, propicio para el embarque; os di cien ducados de oro, entonces ¿a qué se debe vuestra demora? Os ruego que carguéis inmediatamente todo el mármol y lo traigáis cuanto antes. Esperaré hasta finales de mes. Si no ha llegado para entonces, utilizaré los medios que me ha recomendado alguien que se ocupa con mucha mayor diligencia de mis asuntos. Hacéis mal en atormentar y abusar de la confianza de un hombre que os proporciona pingües ganancias. Obviamente, la atención que me confiere dicho texto no contempla el expeditivo método veladamente sugerido por M. Angel a B. di Cagione para imponer la premura en su trabajo. Más bien, desearía que este fragmento epistolar nos introdujera en el núcleo del presente capítulo. Un contemporáneo Miguel Ángel, que adoptase la “maniera” dispuesta por la tecnología digital al servicio de las nuevas artes, se serviría de un registro o diario gráfico en el que materiales e instrumentos de construcción emergiesen de la lista de bienes tecnológicos que constituyen el actual estadio de la producción arquitectónica. Además, en clara alusión al escrito anterior, el artista eliminaría de un plumazo -electrónico- las demoras surgidas en torno a los pedidos, sustituyendo el vehículo para la transmisión de informes, las misivas caligráficas, por el instantáneo e-mail. Una serie de cambios, inimaginables y a la sazón innecesarios en polifacéticos personajes de semejante capacidad inventora, que posibilitan el que hoy se afronte el proyecto creativo desde un amplio abanico de viabilidades técnicas, pero que no suplen en ningún caso la maestría del autor. Factor que debemos tener muy en cuenta cuando expandimos nuestra fuerza creativa con ayuda de utensilios cada vez más sofisticados que sucesivamente se han ido aproximando al atávico campo artístico reforzando en parte la parcela instrumental. Nuevo milenio, nuevas propuestas Siguiendo esta misma línea, lanzamos hipótesis sobre el recién estrenado milenio. Prefacio temporal que quizás proponga a la esfera arquitectónica unos órdenes constructivos que sugieran renovadas premisas creativas alejadas de los cánones que décadas, incluso siglos atrás, comandaban el montaje de edificios de diversa estampa constructiva y finalidad residencial. Son muchas las tipologías que se enmarcan dentro de esta práctica a medio camino entre lo artístico y lo técnico, abarcadas de igual forma en numerosos segmentos arquitectónicos diferenciados por la función que plantea cada una de las construcciones. Sin embargo, mantendremos nuestro interés en el modelo arquitectónico antes analizado, el rascacielos. Un inmueble de plural funcionalidad, ampliamente intervenido desde su pretérita concepción en el pasado siglo, que hoy puede abastecerse del muestrario de heterogéneos signos y propuestas formulado desde el apartado digital. Si especulamos con parecidas predicciones a las vertidas en The Economist por los clarividentes financieros estadounidenses, quienes -recordemos- asociaban los ocasos bursátiles con una inmediata intervención urbanística restringida exclusivamente a la aparición de imponentes rascacielos, quizás las recientes caídas acontecidas en el mercado donde se mueven las todopoderosas entidades tecnológicas (el NASDAQ americano) den alas al proyecto de construcción de la Torre Biónica iniciado en 1992. Una colosal plataforma vertical (1228 metros de altura, 300 plantas) de hormigón micro-estructurado, planeada y maquetada digitalmente por tres arquitectos españoles (Javier Pioz, Rosa Cervera y Eloy Celaya), cuyas entrañas aspiran alojar a una población cercana a los 100.000 habitantes. Solventándose de este modo, la insostenible dispersión de la metrópoli de Hong Kong; una zona geográfica donde el perímetro habitable es indudablemente limitado y la concentración demográfica tremendamente alta. Esta construcción virtual, aparece impecablemente descrita, por cierto, en la página web que el rotativo El PAIS digital le dedica; mereciendo la pena visitarla para contemplar gráficamente tanto el minucioso proceso que conlleva su levantamiento como las peculiaridades que envuelven tan titánica tentativa. Buscando lugares idóneos donde emplazar los frutos de esa nueva eclosión arquitectónica, sobrevenida por los declives operacionales, hallamos la city londinense. Esa gran urbe, tantas veces rediseñada por el actual lord de la arquitectura mundial, Norman Foster; quien, en su ceremonia de investidura como insigne de la escena británica, se sintiese (dado el atuendo que portaba, similar cromáticamente al del famoso personaje de los cuentos navideños) como un gamberro proletario vestido de Papa Noel. Una capital, cuyo entramado urbano, dicho sea de paso, experimentará en esta primera década del veintiuno semejantes cambios a los acaecidos cinco siglos antes en la Ferrara gobernada por los Este. Autoritaria familia, que delegó en Biagio Rosseti las modificaciones del famoso ensanche urbano con el objetivo de reformar esta villa italiana en prototipo de capital humanista, defensivamente diseñada además para evitar los embates de sus vecinos venecianos. Me gustaría finalizar este relato, que he subtitulado con ese enunciado tan del estilo del romántico restaurador y constructor francés Viollet-le-Duc y donde se mezcla arquitectura y tecnología en sus más diversas acepciones, con una cita de Aronowitz, Martinsons y Menser. Tres arquitectos, que confirman como los sistemas infográficos se convierten en mecanismos primordiales durante la secuencial marcha del ciclo proyectual. En 1984, Stanley Aronowitz y yo empezamos nuestros estudios del empleo del CAD (diseño asistido por ordenador) en los departamentos municipales de Protección Medioambiental y de Transporte. Hacía poco que se había introducido el CAD y sólo unos pocos arquitectos e ingenieros trabajaban con las máquinas. Observamos que los arquitectos, ingenieros y delineantes que hacían los diseños a mano siempre parecían atareados. Sentados a su mesa de dibujo, dibujaban constantemente. Los pocos ingenieros y arquitectos que trabajaban con CAD nunca parecían estar trabajando. Sentados ante la pantalla de sus máquinas, iban utilizando el ratón y constantemente se quedaban mirando la pantalla. No dibujaban, pensaban: un cambio importante, de estar dibujando constantemente a estar siempre conceptuando.
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LA REALIDAD VIRTUAL LEIDA
Días atrás se celebraba una de las onomásticas más prestigiosas que el calendario hispano reserva para conmemoraciones culturales, el día -por extensión, la semana- del libro. Aunque durante ese corto periodo cronológico el honor recaiga por completo en el tronío de la literatura de enjundia quijotesca, por ser ésta clara abanderada de las letras de grafía castellana, cabría destacar otras modalidades, rayanas igualmente con la retórica literaria, de heterogéneo continente pero con similar contenido. La cada vez más reglada implantación de los medios computacionales en las actividades cotidianas que realiza el ser humano va más allá de la proyección meramente experimental cumplimentada por científicos y eruditos versados en materias de carácter técnico. El libro tradicional, como estándar de comunicación leída completamente estereotipado tras la aparición de los primitivos incunables e impulsado siglos después como sublime recurso de divulgación de la cultura a nivel social gracias a esa sistematización seriada propuesta por Gutenberg con su acreditada imprenta, adquiere actualmente una multiplicidad de matices de forma -de formato- imprevisible hace varias décadas. Letras digitales Adentrándonos en la factoría de ingenios electrónicos creados por la industria informática para efectuar tareas de lectura, advertimos como, en vías aún de ser admitido su uso como dispositivo idóneo o complementario del actual, el moderno libro electrónico o e-Book sigue deambulando por el inmenso trastero donde se hace acopio de los artilugios semi-útiles fraguados por el emergente emporio digital. Razones de peso, que consiguen mermar su adquisición, como puedan ser el precio de venta o la exigua disponibilidad de títulos en el mercado, hacen de éste un instrumento poco consolidado en el núcleo laboral y de ocio tanto popular como profesional, con un porvenir ciertamente nebuloso. Hasta aquí, una breve introducción cimentada en el reconocimiento de aquellos modelos adaptados en mayor o menor grado a los cánones regulados por el medio escrito. Ahora bien, ¿qué pasa cuando se demandan nuevas formas de expresión relacionadas con el trasfondo didáctico que trasmite un buen libro?,... únicamente los pasajes tipografiados, complementados con imágenes alusivas al texto, aportan la suficiente firmeza descriptiva para ejercer como paradigmas ideales de lectura?,... Aunque una crónica de este tipo no dé para mucho, sí que creo debiéramos profundizar en esa interrogante, ya que existen prototipos visuales de impronta inmaterial, sensorial, que acogen el fenómeno de la comunicación interpersonal como leitmotiv en su carrera experimental. Es el caso de la Realidad Virtual: materia magistralmente prohijada por áreas que se sirven de ella para explorar las más diversas rutinas de simulación avanzada (aeronáutica, ocio, automoción, etc.), pero también de gran utilidad como vehículo generador y transmisor de prácticas culturales relacionadas con la formación pedagógica y más concretamente, en el caso que abordamos, con la lectura. Fischnaller y Cervantes Autores situados a medio camino entre la investigación tecnológica y la más pura esencia creativa, como el ya asiduo en enunciados de este volumen Franz Fischnaller, han sabido fusionar los requerimientos técnicos con los artísticos para confeccionar obras plenamente integradas dentro de los circuitos de la comunicación visual. La que podríamos juzgar hoy como obra cumbre de Fischnaller, la comentada The Multimega Book in the CAVE, constituye una fuerte incursión de los procedimientos de Realidad Virtual en los métodos de lectura, salvando barreras de estilo fuertemente arraigadas como pueda ser la normal linealidad que dirime el análisis o revisión visual del ejemplar bibliográfico. Alojados en el interior de esta plataforma inmersiva de Realidad Virtual que es la CAVE, nos disponemos a viajar a través de las sendas historiográficas legadas a la sociedad contemporánea por diversos grupos gremiales (arquitectos, pintores, escultores, escritores, etc.) a lo largo y ancho de su existencia creativa. En nuestro caminar, deslizamos espontáneamente las hojas de un voluminoso tratado de impronta electrónica, en el que perviven a modo de ilustraciones animadas y estáticas todo un conjunto de formas, de iconografías recicladas (imágenes realizadas con recursos de identidad gráfica, digamos, analógica y digital) y sintéticas (imágenes con atributos 100% digitales). Consideremos, por tanto, este fenómeno de la Realidad Virtual, ratificada a modo de innovadora fórmula de lectura, como una performance artística en la que nos imbuimos de lleno dentro de la secuencia argumental, siendo nosotros quienes decidamos el orden y la disposición de contenidos que serán manufacturados y exhibidos perceptivamente mediante representaciones tridimensionales. ... Quién sabe si las clásicas bibliotecas, concebidas en su origen como espacios de almacenaje, catalogación y consulta de grandes cantidades de libros, darán paso en un futuro cercano a asépticas -arquitectónicamente hablando- salas de proyección en las que el usuario, provisto de los útiles digitales convenientes, efectuará el sano ejercicio intelectual de leer un clásico de la literatura enfrascado en un entorno envolvente, donde no sólo actúan dinámicamente los órganos oculares, sino también los táctiles y los sonoros. Y todo ello ejecutado en tiempo real,... a la velocidad que nuestra mano pasa una hoja, los ojos advierten lo allí expuesto y el lúcido entendimiento lo filtra y depura racionalmente. Para finalizar, y dado que redacto el presente relato desde la noble villa que viese nacer al mismísimo Don Miguel de Cervantes, Alcalá de Henares, cabe considerar qué expresaría éste si levantase su egregia cabeza y viese como la partida de personajes que confeccionó para engrosar las páginas del Quijote transitan -impresionados en 3D- por las paredes lisas de una minúscula habitación que rezuma innovación tecnológica por sus cuatro costados. Seguramente rememoraría ese hábitat natural donde lo engendró: aquella celda, en cuyas paredes su mente reproducía los luminosos páramos de La Mancha, poblados de monumentales molinos de viento, a la postre, diabólicos gigantes plasmados en la CAVE cerebral de su hidalgo caballero.
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LA VERTIENTE ORGANICA DE LA TECNOLOGIA VR Cuando nos adentramos en un entorno de Realidad Virtual, tipo CAVE, o nos situamos ante una gran pantalla de computadora, tipo Inmersa-desk, donde cobran vida dinámicas representaciones estereoscópicas, algunos de nuestros órganos más puramente sensitivos experimentan atracciones supramateriales repletas de un importante bagaje semántico visual y psicológico. Sensaciones, fraguadas en sistemáticas de cuño digital y amparadas, bien, en la recreación audiovisual del contexto circundante, o bien, en una síntesis que da bríos al universo creativo de la ficción. Nos enfrentamos, de hecho, a una práctica gestada a medio camino entre la escenografía compositiva de lo espacial y la impronta iconográfica y aplicaciones que la computadora suministra al creador-técnico. Ahora bien, ¿todo el capital metodológico que regula la actividad de la Realidad Virtual queda reducido a estas “elementales” teorías?, ¿podemos atisbar algo más?, ¿posiblemente, inferencias alejadas de un fenómeno tan corpóreo como la emisión continua de imágenes sobre superficies ya “superadas” a nivel tecnológico?,... Hacíamos referencia a esa vertiente irreal atendida en parte por la Realidad Virtual, a esas imágenes concebidas únicamente en el hemisferio abstracto del autor de la obra y plasmadas en superficies principalmente verticales, en aquellos planos más cómodamente perceptibles para el espectador. Introducir ahora el término “abstracto” en el método implica trasladarnos a los estadios metafísicos que controlan una rama de la visión, la que regula la representación más “irracionalmente” perceptible de la realidad. Así, no podemos obviar esa sensación de inestabilidad que nos afecta muchas veces al experimentar las virtudes de la Realidad Virtual dentro de su ámbito físico de actuación. Extraña sensación, que puede darnos una leve idea de cómo se articula la esfera más inmaterial de la Realidad Virtual: sus adentros conceptuales, la semántica de la imagen como leitmotiv de la historia que ella misma narra a partir de argucias visuales. Aludiendo al título de este capítulo, presuponemos el alma de la tecnología como un territorio orgánico en el que ideas y conceptos confluyen en la experimentación que sostiene la elaboración de un “algo” material, en mayor o menor medida, enlazado a premisas de orden creativo, intelectual. Cualquier obra desarrollada en soporte VR consta de un hilo argumental, fundamentado en una trama ficticia -o no- que nada tiene que ver con la fría visión que habitualmente nos reporta todo aquello marcado con la etiqueta de digital. Si trazamos un símil entre un compartimiento CAVE y nuestra caja ocular, podemos llegar a entender esa connivencia tan natural que se produce entre lo asépticamente orgánico del receptáculo de acogida visual y lo espontáneamente atractivo en que se convierte la impresión de formas sobre las paredes membranosas de la retina. Conviene, por tanto, difuminar esa línea fronteriza que separa el mecánico gris computacional del crisol cromático que forma el cosmos de la imagen. De este modo, amalgamamos la herramienta tecnológica junto con las trazas creativas/técnicas que profieren sistemáticas de manufactura digital como la Realidad Virtual. Analicemos diversas situaciones puntuales, representativas del contorno creativo-tecnológico y tradicional más refinado, en las que entra en liza este supuesto. Antoni Gaudí en el EVL... ... con Carolina Cruz-Neira Si visualizamos la obra de Carolina Cruz-Neira denominada Cueva de Fuego, concebida para entornos VR e impulsada en unión con el German National Research Center for Information Technology (Sankt Augustin, Alemania), advertiremos ese intríngulis interior que subyace en la secuencia compositiva. Adentrados en el soterrado ambiente que nos propone la renombrada investigadora, no sólo recorremos con la mirada aquello que voluntariamente queremos sea representado; más bien, nos aventuramos a discernir racionalmente con lo que nuestro intelecto interpreta acerca de lo transferido a sus canales. En suma, dos campos muy activos a nivel de emisión informativa: uno, el que espacial y/o arquitectónicamente abarca el entorno virtual; otro, el propio habitáculo cerebral, donde las células neuronales juegan a ser haces de luz chocando tenazmente contra los tabiques craneales. Los fotorrealistas -a escala figurativa- paisajes intestinos reproducidos en tan particular sima, dimensionan de manera totalmente surrealista el enfoque habitual que poseemos del organismo humano allá en sus más recónditos rincones. Pertrechados con los útiles idóneos (esencialmente, guante de datos y HMD), franqueamos la caja torácica de un cuerpo tallado en roca e iluminado por centelleantes antorchas, cuya recargada combustión forma parte de la quimérica componenda anatómica narrada en imágenes por Cruz-Neira. ¿Realidad o ficción?. ¿Por qué reclamamos que se consume tan espectacularmente el fenómeno natural de la ignición dentro de un tramo anatómico donde la sobrada existencia de oxígeno atiende más a confabulaciones sobrenaturales que a leyes físicas reales?. Por su naturaleza... ¿inspira la Realidad Virtual esa intriga utópica que le hace evolucionar como eficaz vehículo de interpretación de heterogéneas e iconoclastas ideas materializadas en imágenes?. Abiertamente, sí. Manejamos un subgénero convertido en pocos años en uno de los principales afluentes de ese gran ismo que es el arte digital, en una corriente tan dilatadamente ambigua en sus secuelas creativas como eficaz y plural en el método. Una vez desveladas las premisas, tanto materiales (consustanciales a la máquina) como orgánicas (relativas a la creatividad humana que el autor de la obra deriva de su uso, de las posibilidades constructivas y expositivas que subyacen en ella), introducimos en nuestro relato la figura del que sin duda alguna es considerado como el arquitecto español más universal, Antoni Gaudí. Y, ¿por qué razón proyectamos sobre este escrito la tan relevante sombra del genio catalán?,... ¿pueden constatarse vínculos entre este personaje de la escena cultural modernista y la metodología VR surgida hace escasos años?. Pues realmente, no; o por lo menos, no de forma directa. Pero llegados a este punto, y en el año que se celebra la onomástica de su nacimiento (150 años de tan ilustre alumbramiento), no podíamos ser menos y rendir merecido homenaje al de Reus examinando ciertos detalles de su producción artística en los que vemos -o mejor dicho, quiero ver- nexos con la materia que regenta la presente crónica, la Realidad Virtual. Hablábamos párrafos más arriba de la obra de una artista-técnica como Carolina Cruz-Neira, concretamente de Cueva de Fuego,... pues bien, remontándonos un siglo antes podríamos ver en la arquitectura de Gaudí retazos estéticos y técnicos germinales que dan paso a resultados creativos de la impronta que muestra esta gruta digital; confinada, a la postre, intramuros de otra cueva que hace las veces de instrumento difusor, la CAVE. Basta pasear bajo los arcos parabólicos que techan los pasillos del Colegio de las Teresianas, construido por Gaudí en S. Gervasi de Cassoles (Barcelona), para evocar un fantástico viaje a través de esa crujía central alineada en un eje espinal del que parten grandes arcadas óseas, modeladas y alineadas a modo de costillas forjadoras de un majestuoso tórax. Expresado en términos más inmateriales: deambulamos entre el recogimiento de los ambientes místicos creados por el catalán y el incierto éxtasis orgánico en que nos sumerge Cruz-Neira en su viaje a los confines somáticos del espécimen humano. Dos parajes en consonancia. ... Petra Gemeinboeck Dirigiendo nuestro análisis hacia demarcaciones más conceptuales de la creatividad visual, observamos como las sinuosidades orgánicas que forman los conjuntos arquitectónicos de Gaudí se asemejan a las ondulaciones lineales que propone la artista digital Petra Gemeinboeck en su última obra para CAVE titulada Uzume. El Parque Güell es buen ejemplo de esta obsesión urbanística de Gaudí por las áreas y formas curvilíneas, desechando ángulos rectos, poco utilizados, asimismo, en el catálogo de recursos gráficos del artista digital que modula su obra en clave de Realidad Virtual: dentro de una plataforma VR la representación 3D de serpenteantes trazos curvos proporciona una mayor sensación de movilidad, de acceso enérgico al espacio infinito. Manejados por Petra, los espectrales fajos de líneas azuladas que zigzaguean por las paredes del recinto de inmersión establecen una danza rítmica de connotaciones constructivas similares a la morfología que presenta la balaustrada dispuesta en este recoleto lugar de esparcimiento mandado construir por Eusebi Güell. Como añadido, La Pedrera, señero inmueble de la metrópolis Condal acondicionado como espacio expositivo, pasa a ser punto de confluencia de la obra de Gaudí; mezclándose ésta con escenas costumbristas, como si se tratase de una gran casa de muñecas repleta de objetos reales, los cuales retocan la visión virtual que sin ellos tendríamos de tan dorada época. ... y Daniel Sandin Director del EVL y profesor en la School of Art and Design de la ya mencionada Universidad de Illinois en Chicago, Sandin es considerado hoy, sin lugar a dudas, como uno de los padres del -otrora moderno- arte electrónico. Los mundos virtuales gestados por el autor norteamericano exudan ese halo mágico que argüíamos tienen las obras de identidad y divulgación inmersiva. En Looking for Water 2, una networked en la que el participante-explorador realiza un viaje astral que discurre desde el espacio exterior hasta el lado norte del Lago Michigan, recobramos imágenes sintéticas también presentes en la simbología de Antoni Gaudí. Dos patrimonios creativos, Gaudí-Sandin, separados por un siglo de cambalache en lo tocante a la renovación del abecé instrumental con el que acometer la realización de la obra, aunque de análogo parecer en diversos aspectos que afectan a la impronta productiva vislumbrada en la obra de ambos. Dando un repaso a las creaciones VR de Sandin, encontré referentes simbólicos emparentados no sólo con la obra del erudito modernista. Al mismo tiempo, pude observar como algunas de sus visiones creativas se acercan al cosmos iconográfico distintivo de artistas plásticos como Pablo Picasso. Recuerdo una composición circular en la que dos rostros aparecen enfrentados admirando la silueta tridimensional de un cubo. Pronto, descubro en esta imagen digital conexiones claras con la sistemática de actuación creativa profesada por el cubista: semejantes recursos de esencia pictórica, tratamiento lineal de la representación figurativa; y, a nivel global, una llamativa similitud con la cerámica picassiana, surgiendo del azulado fondo de la imagen binaria formas afines a la huella que el malagueño supo implantar en tan peculiar género. Subrayar, esa tornasolada -por luminosa- correlación cromática que atisbamos en la pintura sobre piezas cerámicas y en las imágenes de síntesis computacional, debido en cierto modo a las cualidades materiales del soporte que acoge ambas rutinas creativas de percepción visual. Y es que, como diría el mismísimo Antoni Gaudí, la originalidad es la vuelta a los orígenes... y quién no ve en el caudal empírico de la Realidad Virtual brotes de ancestrales y contemporáneas metodologías florecidas en los postulados de las artes plásticas, escenográficas,... en el pensamiento filosófico, la literatura, etc. Consideraciones, estas y otras muchas, que hacen de la Realidad Virtual una disciplina de sinergia próxima al humanismo cultural; salvando barreras especulativas que enjuician su progresión vital gracias únicamente al apoyo que recibe de destrezas de identidad técnica.
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